AGUACATE MEXICANO: UN ACTIVO ESTRATÉGICO PARA ESTADOS UNIDOS
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COMERCIO, empleo, sostenibilidad y gobernanza verde, en la relación bilateral ante la revisión del T‑MEC.
Por: Luis Javier de la Rocha Zazueta / Director General de APEAM.
En Washington, la revisión de tratados comerciales suele estar acompañada de preocupaciones legítimas: empleo, seguridad nacional, cumplimiento ambiental, estándares laborales; y, en algunos casos, de lecturas que no siempre reflejan la complejidad del intercambio comercial. En el contexto de la próxima revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), este riesgo vuelve a hacerse presente, particularmente en sectores agrícolas altamente visibles para el consumidor.

Sin embargo, hay cadenas de valor que desafían esa lógica. El comercio de aguacate Hass mexicano hacia Estados Unidos es una de ellas. No porque sea perfecto, sino porque combina de manera poco común crecimiento económico doméstico, gobernanza institucional, cooperación binacional y una transición deliberada hacia modelos de sostenibilidad verificables.
Ignorar esta experiencia, o peor aún, debilitarla por razones políticas de corto plazo, tendría consecuencias que recaerían principalmente sobre trabajadores, consumidores y gobiernos locales estadounidenses.
UN COMERCIO QUE YA ES DOMÉSTICO, AUNQUE CRUCE LA FRONTERA
Uno de los errores más frecuentes en el debate comercial es tratar las importaciones agrícolas como una amenaza externa, desvinculada de la economía interna. El caso del aguacate mexicano demuestra lo contrario. Hoy, la cadena de suministro del aguacate es, en la práctica, una extensión de la economía estadounidense, aunque su producción primaria ocurra al sur de la frontera.
De acuerdo con la actualización 2024 del estudio económico de Texas A&M, las importaciones de aguacate Hass mexicano generaron más de 7,500 millones de dólares en actividad económica dentro de Estados Unidos, contribuyeron con 4,200 millones de dólares al PIB, sostuvieron más de 42,000 empleos estadounidenses y generaron, aproximadamente, 1,100 millones de dólares en impuestos federales, estatales y locales.
Estos no son beneficios concentrados en una sola región. Aunque Texas y California concentran parte relevante del impacto, más del 75% de los efectos económicos se distribuyen en otros estados, a lo largo de sectores como transporte, logística, comercio mayorista y minorista; servicios financieros, marketing, manufactura de empaques, restauración y alimentación institucional. Es decir, cuando el aguacate mexicano entra a Estados Unidos, no desplaza actividad económica: la crea.
Texas y California: cuando la política comercial se vuelve local en el contexto político actual, pocos argumentos pesan tanto como aquellos que se traducen en empleo local y recaudación fiscal concreta. En ese sentido, los estados con mayor consumo de aguacate ilustran con claridad las implicaciones de cualquier alteración al flujo comercial.
En Texas, las importaciones de aguacate mexicano generaron cerca de 470 millones de dólares en producción económica; 260 millones en PIB estatal y más de 2,800 empleos, además de casi 60 millones de dólares en impuestos. En California, el impacto es aún mayor: 965 millones de dólares en producción, 580 millones en PIB, más de 5,200 empleos y 171 millones de dólares en ingresos fiscales.
Estos números no son abstractos. Se reflejan en empleos portuarios, operadores de transporte, trabajadores de centros de distribución, empleados de supermercados, restaurantes, empresas de ingeniería logística y firmas de servicios profesionales. Cualquier disrupción en esta cadena afectaría de manera inmediata a comunidades estadounidenses muy concretas.
EL ROL INSTITUCIONAL QUE HACE POSIBLE EL SISTEMA
El desempeño económico del aguacate mexicano en Estados Unidos no es accidental. Descansa sobre una arquitectura institucional única en el comercio agroalimentario. En el centro de ella se encuentra la Asociación de Productores y Empacadores Exportadores de Aguacate de México (APEAM), una organización poco visible fuera de círculos técnicos, pero absolutamente central para la viabilidad del comercio.
APEAM es el único socio cooperador mexicano reconocido por USDA-APHIS y por las autoridades sanitarias mexicanas para la exportación de aguacate Hass a Estados Unidos. Su función no es comercializar fruta, ni promover marcas, sino administrar el cumplimiento de un Plan de Trabajo Operativo bilateral que regula cada etapa del proceso: desde los huertos autorizados hasta los empaques, inspecciones, trazabilidad y condiciones de exportación.
Este modelo permite algo excepcional: que Estados Unidos aplique sus estándares fitosanitarios, de inocuidad y trazabilidad más allá de su territorio, mediante un esquema de corresponsabilidad institucional. Inspectores estadounidenses operan de forma permanente en México, con respaldo técnico y logístico de APEAM.
Desde una perspectiva de política pública, este sistema reduce riesgos regulatorios, previene crisis sanitarias y garantiza continuidad de abasto. Su debilitamiento no aumentaría la seguridad del consumidor estadounidense; la pondría en riesgo.
ESTABILIDAD DE SUMINISTRO: UNA CUESTIÓN DE INTERÉS NACIONAL
El estudio de Texas A&M aporta un dato clave para los legisladores: la demanda estadounidense de aguacate es relativamente insensible al precio, pero extremadamente sensible a la disponibilidad. Pequeñas caídas en la oferta generan fuertes alzas de precios y volatilidad en el mercado, afectando a consumidores, restaurantes y cadenas de retail.

En este contexto, la estabilidad del suministro mexicano se ha convertido en un factor de seguridad económica. APEAM, en coordinación con importadores y organizaciones de promoción en Estados Unidos, ha desarrollado una capacidad de planeación y respuesta que permite sostener el abasto los 365 días del año y absorber picos de demanda estacionales.
Por ejemplo, el envío récord del Super Bowl 2026, por 127 mil toneladas en las semanas previas, no debe leerse como un simple dato promocional. Es una señal de capacidad logística y de gobernanza agrícola que pocas cadenas agroalimentarias pueden ofrecer en la actualidad.
CAPACIDAD PRODUCTIVA Y PREVISIBILIDAD
La solidez del aguacate mexicano como insumo estratégico para el mercado estadounidense no se explica únicamente por su desempeño histórico, sino también por la capacidad del sector para ofrecer señales claras de volumen, planeación y continuidad, elementos esenciales para cadenas de suministro altamente integradas.
Para la temporada en curso 2025-2026, la proyección operativa de APEAM apunta a un volumen de envíos a Estados Unidos de 1,178,759 toneladas, lo que representaría un nuevo récord histórico para la industria del aguacate de exportación. Este volumen superaría en aproximadamente 5% el máximo previamente alcanzado en la temporada 2022-2023, cuando los envíos totalizaron 1,126,859 toneladas.
Cabe señalar que, conforme avance el ciclo productivo y logístico, existe incluso una alta probabilidad de que el volumen final de envíos alcance hasta 1,223,150 toneladas, lo que implicaría superar la marca histórica previa hasta en 9 por ciento. Más allá del dato puntual, este rango confirma la existencia de escala operativa, capacidad instalada y coordinación institucional para responder a una demanda sostenida del mercado estadounidense.
En contraste con enfoques especulativos, el sector mantiene una postura de prudencia técnica respecto a los ciclos futuros. La estimación de volúmenes depende del comportamiento de variables climatológicas y del levantamiento progresivo de información en huertos a lo largo de los distintos estados fenológicos del cultivo.
No obstante, los modelos estadísticos utilizados por la industria, construidos a partir de series históricas y patrones productivos consolidados, permiten anticipar escenarios razonables. Bajo estos modelos, el volumen de envíos para la temporada 2026-2027 podría ubicarse en un rango de entre 1,084,940 y 1,180,832 toneladas, un intervalo que reconoce la variabilidad inherente a la actividad agrícola, pero que, al mismo tiempo, brinda certidumbre a importadores, distribuidores, cadenas de retail y responsables de política pública. En un entorno global marcado por disrupciones logísticas y mayores exigencias regulatorias, esta previsibilidad se ha convertido en un activo estratégico en sí mismo.
SOSTENIBILIDAD: DEL DISCURSO A LA POLÍTICA PÚBLICA
Si hay un ámbito donde el T-MEC ha elevado el nivel del debate es el de sostenibilidad ambiental y estándares laborales. Ya no se trata solo de compromisos voluntarios, sino de posibles mecanismos de cumplimiento y resolución de controversias. En este terreno, el sector aguacatero de exportación presenta un caso difícil de descartar.
Desde hace más de una década, los productores y empacadores asociados a APEAM, han invertido de forma sistemática en conservación ambiental. Desde 2011, se han reforestado más de 4,470 hectáreas con 4.47 millones de plantas, alcanzando en 2024 una tasa de supervivencia certificada del 86 %, una de las más altas registradas en la región.
Además, se opera un sistema de monitoreo satelital de incendios forestales que ha contribuido a reducir en 44 % la superficie afectada en la franja aguacatera.
A esto se suma el hecho de que más del 60% de los huertos opera con riego natural, una característica relevante en un contexto de estrés hídrico creciente en Norteamérica.
Cabe destacar que, actualmente, APEAM desarrolla estudios representativos de huella hídrica y biodiversidad que permitirán tomar decisiones basadas en evidencia, alineadas con estándares internacionales.
TRABAJO DIGNO Y GOBERNANZA LABORAL
En el ámbito social, el sector ha avanzado más rápido que muchas otras cadenas agrícolas. La adopción de la Certificación Laboral de la Agroexportación (VELAGRO) convierte al aguacate en el primer producto fresco de exportación mexicano con este respaldo. Paralelamente, APEAM mantiene un diálogo activo con el gobierno federal mexicano para el diseño de políticas públicas sobre trabajo digno que puedan replicarse en otros cultivos.
El impacto social del sector no es marginal. Se estima que genera 79 mil empleos directos en México y más de 140 mil indirectos, además de sostener proyectos comunitarios de largo plazo. A través de alianzas educativas, se han invertido cercade 100 millones de pesos en infraestructura y formación en comunidades rurales, con resultados medibles en desempeño escolar.
Desde la óptica del Congreso estadounidense, este nivel de formalización laboral reduce riesgos reputacionales, legales y políticos asociados a la importación de productos agrícolas.
LA RUTA HACIA LA SOSTENIBILIDAD
Un elemento particularmente relevante para los próximos ciclos de revisión del T-MEC es la existencia de una hoja de ruta explícita. En 2025, el Avocado Institute of Mexico, con sede en Dallas, lanzó “La Ruta hacia la Sostenibilidad”, una estrategia conjunta entre APEAM y la Mexican Hass Avocado Importers Association (MAHIA) que establece compromisos de largo plazo que articulan objetivos ambientales, sociales y de gobernanza hasta 2035.
Entre sus metas se incluyen alcanzar deforestación neta cero, avanzar hacia cero emisiones netas en la cadena, e implementar sistemas integrales de gestión de agua, biodiversidad y trazabilidad digital. Lo importante no es solo la ambición de estos objetivos, sino que cuentan con líneas base, indicadores y verificación institucional.
Para los defensores de cláusulas ambientales robustas, este enfoque ofrece un punto de partida mucho más sólido que el que existe en otros sectores agroalimentarios globales.

QUÉ PASARÍA SI SE DEBILITA ESTE MODELO
En el debate político, las consecuencias de restringir o complicar el comercio rara vez se analizan con rigor. En el caso del aguacate mexicano, los efectos serían inmediatos y ampliamente distribuidos. Menor disponibilidad elevaría precios al consumidor, afectaría márgenes en restaurantes y supermercados, reduciría actividad en transporte y logística, y erosionaría ingresos fiscales estatales y federales.
Además, una señal de inestabilidad regulatoria incentivaría a los compradores a buscar proveedores alternativos con menores estándares ambientales y laborales, lo que iría en dirección opuesta a los objetivos declarados del T-MEC.
Desde una perspectiva estratégica, debilitar una cadena altamente regulada y cooperativa para sustituirla por opciones menos controlables sería una decisión difícil de justificar.
EL AGUACATE COMO PRUEBA DE CONCEPTO DEL T-MEC
Más allá de cifras puntuales, el comercio de aguacate representa algo más profundo: una prueba de que el T-MEC puede generar crecimiento compartido cuando existe institucionalidad, cumplimiento y cooperación técnica. APEAM no es un actor periférico. Es un ejemplo de cómo una organización binacional puede administrar riesgos, elevar estándares y traducir comercio en beneficios tangibles para ambas sociedades.
Si un sistema con estas características no puede protegerse y fortalecerse dentro del marco del tratado, entonces, es legítimo preguntarse qué tipo de integración se está buscando.
NO TODOS LOS FLUJOS COMERCIALES SON IGUALES
En política comercial, la tentación de generalizar es grande. Pero no todos los flujos comerciales son iguales, ni cumplen la misma función económica y social. El aguacate mexicano hacia Estados Unidos no es un caso de dumping, ni de competencia desleal, ni de externalización irresponsable. Es un sistema profundamente integrado, con gobernanza compartida y beneficios comprobables para la economía estadounidense.
En el proceso de revisión del T-MEC, distinguir entre comercio problemático y comercio estratégico, será clave. El aguacate pertenece claramente a la segunda categoría. En un momento en que el Congreso busca proteger empleos, fortalecer cadenas de suministro resilientes y avanzar en una agenda ambiental creíble, debilitar uno de los pocos ejemplos que ya cumplen con esos criterios, sería un error de política pública.
La pregunta no debería ser si este comercio debe continuar, sino cómo asegurarse de que siga evolucionando en la dirección correcta.
Fuente: Gigante Agroalimentario Ed. 34
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