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El futuro de las berries mexicanas está en unir a investigadores y productores

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La Red Interinstitucional de Berries apuesta por conectar academia y campo para impulsar variedades mexicanas y

mejorar la competitividad global.


Por:Brenda Marquezhoyos / Aderezo

En una hectárea de zarzamoras en Jalisco, el productor observa el color de los frutos y piensa en toneladas, en precios de mercado, en la ventana de exportación que se cierra en tres semanas. A cientos de kilómetros, en un laboratorio universitario, un investigador analiza la expresión de genesrelacionados con la síntesis de antocianinas y se pregunta cómo incorporar ese conocimiento en la siguiente generación de variedades. Los dos hablan de la misma planta. Pero durante muchos años, no hablaron entre sí.



Esa brecha —técnica, lingüística y cultural— es uno de los desafíos más complejos que enfrenta la industria mexicana de berries, según el Dr. Geremías Rodríguez, investigador de la Universidad de Guadalajara y uno de los artífices de la Red Interinstitucional de Berries, un esfuerzo colectivo que busca tender puentes entre la academia, los productores y las empresas del sector.


México como potencia exportadora con asignaturas pendientes

El país es uno de los mayores exportadores de berries del mundo. Las zarzamoras, frambuesas, fresas y arándanos que se producen principalmente en Jalisco, Michoacán y Baja California alimentan mercados tan exigentes como el estadounidense y el europeo. 


Ese liderazgo no es accidental, depende del clima tropical del país, con días y noches de aproximadamente doce horas, genera un equilibrio fotosintético que permite acumular azúcares sin estresar las plantas, resultando en frutos con mayor calidad organoléptica que los producidos en latitudes más extremas.


Pero el potencial productivo no siempre se traduce en valor agregado. Durante años, gran parte de las variedades cultivadas en México eran importadas de España, Italia, Francia y Estados Unidos, junto con sus patentes y sus regalías. La pregunta que comenzó a resonar entre investigadores como Rodríguez era: ¿por qué un país con tanta riqueza genética silvestre y tanto talento científico sigue dependiendo de variedades foráneas?

Anteriormente se traían muchos materiales de España, de Italia, de Francia, de Estados Unidos. Pero afortunadamente hoy en día ya hay empresas privadas que están haciendo variedades aquí mismo, inclusive con tecnología mexicana

La red que conecta lo que estaba disperso

La respuesta institucional a esa pregunta tomó forma en la Red Interinstitucional de Berries, una iniciativa que agrupa investigadores del Instituto Politécnico Nacional en Morelos, del Tecnológico de México, de la Universidad de Guadalajara, de la Universidad Juárez del Estado de Durango y de la Universidad Autónoma Chapingo, entre otras instituciones. El objetivo no es solo generar conocimiento en laboratorio o invernadero es transferirlo.

Lo que queremos es conectar. Conectar esos conocimientos, conectar esas necesidades, porque yo creo que todos tenemos necesidades. Como investigadores necesitamos problemas. ¿Y quiénes son los que los tienen? Los productores, las empresas

La declaración de Dr. Rodríguez revela una inversión en la lógica tradicional de la investigación aplicada. En lugar de que el científico proponga soluciones que luego busca colocar en el mercado, la Red parte del reconocimiento de que los problemas reales están en el campo y en las plantas procesadoras. El investigador necesita al productor tanto como el productor necesita al investigador.


El problema del idioma

Sin embargo, tender ese puente no es sencillo. El principal obstáculo no es técnico sino comunicativo. Un investigador formado en biología molecular puede explicar con precisión cómo la síntesis de antocianinas depende de la expresión de ciertos genes reguladores, cómo esa expresión varía con la temperatura nocturna durante la maduración, y cómo eso se traduce en el color y el contenido antioxidante del fruto. Pero esa cadena de causalidades —de la célula a la hectárea— resulta inaccesible para alguien cuya formación es práctica y cuya toma de decisiones opera en ciclos de semanas, no de años.

¿Cómo le comunico al productor? ¿Cómo le informo? ¿Cómo hago que me entienda con un lenguaje más fácil? Porque el empresario tiene su objetivo de la producción, de transformarla y comercializarla. ¿Y cómo puedes tú conectar desde una célula con todos sus organelos hasta una hectárea?

La pregunta, admite el investigador, no tiene una respuesta única. A veces la solución es visual, llevar al productor al campo y mostrarle la diferencia entre dos variedades bajo condiciones controladas. Otras veces es económica, traducir los datos de expresión génica en proyecciones de rendimiento y vida de anaquel que hablen directamente al margen de utilidad. Y en otras ocasiones requiere paciencia para aceptar que el vocabulario del laboratorio debe transformarse antes de cruzar la puerta de la empresa.


La cadena que no se puede romper

Rodríguez utiliza con sus alumnos universitarios una metáfora pedagógica que también aplica a su trabajo con productores: el organismo como escala. En el salón, los estudiantes aprenden sobre mitosis, meiosis, síntesis de proteínas y mejoramiento del sabor. 


Pero un organismo está formado por millones de células. Si no se comprende lo que ocurre a nivel celular, tampoco se puede entender por qué el riego en cierta etapa fenológica importa, por qué una poda específica modifica la calidad del fruto o por qué la decisión de cuándo cosechar impacta el contenido de sólidos solubles.

Esa misma cadena; de la molécula a la planta, de la planta a la parcela, de la parcela al mercado, es la que la Red Interinstitucional busca hacer visible para todos los actores del sector. No se trata de convertir a los productores en biólogos moleculares, sino de construir un lenguaje compartido que permitaidentificar problemas con precisión, diseñar intervenciones pertinentes y evaluar resultados con criterios consensuados.


Variedades mexicanas, orgullo y reto

En ese contexto, la aparición de variedades desarrolladas íntegramente en México —como Erandi, la zarzamora que Rodríguez desarrolló en colaboración con Vallas Viterra y que ha obtenido reconocimiento en ferias europeas— tiene un significado que trasciende lo agronómico. Es la demostración de que el conocimiento científico nacional, combinado con la riqueza genética del territorio y la vinculación entre academia y empresa privada, puede generarproductos competitivos a escala internacional.

Antes prácticamente pensábamos que un mejorador era un güero, de ojos azules, alto. Pero hoy en día ya somos morenitos y con todos los conocimientos, tanto ancestrales como científicos

La frase, dicha con humor, apunta a algo más profundo, el desmantelamiento de un complejo de inferioridad histórico en la investigación agrícola mexicana. Durante décadas, la dependencia de germoplasma importado alimentó la percepción de que el conocimiento relevante se generaba afuera. Hoy, con redes de investigación consolidadas, empresas mexicanas innovando en mejoramiento y variedades propias posicionadas en mercados exigentes, esa narrativa está siendo reescrita desde el campo.



Un sector que recién empieza

Geremías Rodríguez es cauteloso con el triunfalismo, reconoce que la vinculación entre academia y sector productivo todavía enfrenta resistencias culturales en ambos lados: investigadores que prefieren publicar en revistas especializadas antes que ensuciar las botas en el surco, y empresarios que desconfían de los tiempos y los lenguajes de la universidad. 


Pero también identifica señales de cambio, la Universidad de Guadalajara promueve activamente la vinculación como parte de las métricas de evaluacióndocente; empresas como Vallas Viterra apuestan por la colaboración institucional como ventaja competitiva; y los estudiantes que pasan temporadas en campo regresan al aula con preguntas más concretas y motivaciones más sólidas.

Estamos uniendo mucha fuerza. Tenemos una red de investigadores donde no solamente generamos investigación en laboratorio o en invernadero, sino que también queremos hacer esa transferencia, esa vinculación con los productores, con los empresarios. Porque sin investigación nos tendríamos que detener

En un sector que mueve miles de millones de pesos anuales y que compite mano a mano con productores de Chile, España y Estados Unidos, la capacidad de articular conocimiento científico de frontera con las necesidades concretas de quien cosecha es, quizás, la ventaja competitiva más duradera que México puede construir. El camino es largo, pero la conversación, al fin, ha comenzado.

Fuente: oem.com.mx /18.05.26

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