ESTRATEGIAS DE CONTROL DE TRIPS EN AGUACATE: ENTENDER PARA INTERVENIR
- Redacción La Voz del Campo

- 11 dic 2025
- 4 Min. de lectura

Por: La Voz del Campo, basados en el artículo de RedAgrícola
El cambio climático y la aparición de nuevas especies han convertido a los trips en una de las plagas más difíciles de controlar en el cultivo de palto. Estos diminutos insectos succionadores dañan los tejidos vegetales, deforman los frutos y reducen su valor comercial. Según el especialista en manejo de plagas Braulio Lemus, el control efectivo requiere conocimiento biológico, monitoreo constante y un manejo integrado que combine distintas herramientas.
Una plaga pequeña, pero de gran impacto.
Los trips perforan las células del tejido vegetal con estiletes y liberan toxinas que causan deformaciones en hojas y frutos. “Muchas veces estos daños se confunden con virosis, pero son provocados por la saliva tóxica del insecto”, explica Lemus.
El especialista advierte que el aumento de las temperaturas ha acelerado su ciclo biológico y multiplicado sus poblaciones.
Del control químico al manejo integrado
Lemus propone abandonar el control reactivo basado solo en insecticidas y adoptar un manejo integrado de plagas (MIP). Este enfoque combina el conocimiento de la biología de la plaga, el monitoreo sistemático y el uso de métodos biológicos, etológicos y químicos racionales. “Sin entender al insecto y su comportamiento, cualquier estrategia se convierte en ensayo y error”, afirma.
Conocer al enemigo
El primer paso es comprender su biología. Los trips son ectotermos, es decir, su desarrollo depende de la temperatura ambiental: cuanto más calor, más rápido se reproducen. Además, cuando se sienten amenazados —por ejemplo, tras una aplicación de insecticidas— pueden acelerar su ciclo reproductivo, lo que incrementa su peligro.
Los daños se deben tanto a la alimentación como a la oviposición. Las hembras introducen los huevos dentro del tejido vegetal, liberando toxinas que deforman hojas y frutos. Aunque su vuelo es limitado, el viento los dispersa fácilmente, facilitando su expansión.
En el Perú se han identificado varias especies —Frankliniella spp., Heliothrips spp. y Thrips tabaci—, cada una con diferentes hábitos y respuestas a los químicos. Por eso, el manejo debe empezar con una identificación taxonómica precisa.

Diagnóstico y monitoreo
El manejo debe basarse en el monitoreo. “No basta con ver daño y aplicar cualquier producto”, dice Lemus. Es necesario registrar la dinámica poblacional para definir umbrales de acción específicos y evitar tratamientos innecesarios.
Conocer las fases del ciclo del trips permite aplicar medidas más eficaces: los huevos, protegidos en el tejido, son inaccesibles a productos de contacto; las larvas, móviles, pueden controlarse con insecticidas sistémicos; las pupas, inmóviles, son vulnerables a hongos entomopatógenos; y los adultos, que se desplazan, pueden capturarse con trampas cromáticas o atrayentes.
Control etológico: trampas que previenen
El control etológico se basa en el comportamiento del insecto. Las trampas cromáticas (azules o amarillas), combinadas con feromonas o atrayentes alimenticios, ayudan a detectar y reducir poblaciones. “Colocarlas en las orillas de los campos, donde ingresan las corrientes de viento, permite interceptar a los trips antes de que lleguen al cultivo”, señala Lemus.
En campos con alta presión de plaga, usar trampas de mayor tamaño aumenta la eficacia. Capturar 100 hembras puede evitar la presencia de más de 4,000 individuos, considerando que cada una coloca entre 40 y 50 huevos.
Hongos y malezas: aliados invisibles.
Los hongos entomopatógenos como Beauveria bassiana y Metarhizium anisopliae son herramientas valiosas, ya que infectan distintas fases del insecto. Sin embargo, su eficacia depende de factores ambientales como temperatura y humedad. “El sol mata todo, también las esporas”, advierte Lemus, recomendando aplicarlos en la tarde o la noche.
Además, ciertas malezas benéficas actúan como refugio de enemigos naturales —crisopas o ácaros fitoseidos—. Conservarlas en bordes o zonas intermedias del cultivo puede formar corredores biológicos que favorecen el equilibrio ecológico. “Las malezas pueden ser aliadas si aprendemos a usarlas”, sostiene el especialista.
Extractos, aceites y sales
Los extractos vegetales, aceites agrícolas y sales se han convertido en alternativas sostenibles para el manejo de trips. Los extractos de ajo, canela o ají funcionan como repelentes naturales que modifican el comportamiento del insecto. El Neem (azadiractina), en cambio, actúa como regulador de crecimiento, provocando malformaciones o infertilidad.
Los aceites agrícolas —minerales o vegetales— asfixian al insecto al obstruir sus espiráculos, mientras que las sales potásicas dañan su cutícula externa. Sin embargo, deben aplicarse con cuidado: en horas de alta temperatura pueden causar fitotoxicidad. “No se trata solo del producto, sino del momento y la forma en que se aplica”, recalca Lemus.
Uso estratégico de insecticidas
El control químico sigue siendo una herramienta válida, pero su efectividad depende del uso técnico y responsable. El error más común es repetir las mismas moléculas sin rotación, lo que genera resistencia. “La resistencia no la crean los trips, la generamos nosotros”, afirma.
Para evitarlo, recomienda rotar insecticidas por modo de acción, según la clasificación del Comité de Acción de Resistencia a Insecticidas (IRAC). Entre los grupos más eficaces están los moduladores del receptor nicotínico de acetilcolina (4A y 4D), los moduladores del canal de sodio (3), los inhibidores de la biosíntesis de quitina (15), los miméticos de la hormona juvenil (7) y los moduladores alostéricos (5), como spinosad y spinetoram.
Otros factores críticos son el pH del agua, la compatibilidad entre productos y las condiciones climáticas durante la aplicación. Un mal ajuste puede reducir drásticamente la eficacia del tratamiento. Por ello, Lemus insiste en que la supervisión técnica en campo es indispensable: el agrónomo debe conocer no solo qué y cuándo aplicar, sino también cómo y con qué equipo.
Entender para intervenir
El objetivo no es erradicar a los trips, sino mantener sus poblaciones por debajo del umbral económico de daño. Para Lemus, la clave está en la prevención y en el conocimiento profundo del ecosistema.
“El manejo integrado es una estrategia realista: no se trata de eliminar la plaga, sino de convivir con ella sin pérdidas económicas. Para eso, debemos entender su comportamiento, anticiparnos a su desarrollo y actuar con inteligencia técnica”, concluye.
En un escenario agrícola cada vez más desafiante, donde las condiciones climáticas favorecen la proliferación de plagas, el mensaje es claro: entender para intervenir. Solo así los productores podrán proteger sus cultivos de palto de manera sostenible y eficiente.
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